Sabemos que no es nada fácil traer al mundo a una nueva tipografía, sobre todo si está hecha con el cuidado que presentan tus diseños. ¿Cuál es la motivación que encontrás para desarrollar tus fuentes?
La motivación tiene que ver con razones bien concretas. No sé diseñar por diseñar, no lo encaro como una búsqueda estética, siempre necesito una excusa válida, algo que justifique hacer el trabajo.
La primera fuente que diseñé tuvo que ver con una necesidad específica, resolver los problemas que se generaban en la revista tpG, entre otros, la capacidad de texto de sus páginas. La fuente se diseñó con un rendimiento que mejoraba la que veníamos utilizando hasta entonces (más signos en un mismo espacio).
También se diseñaron variantes para título, es decir, que tuvieran la suficiente fuerza para esa función, y alternativas condensadas para resolver problemas muy concretos que había en algunas secciones de la revista. En total, entre las variantes romanas, itálicas y versalitas, la fuente tiene treinta alternativas de uso.
También se buscó hacer una fuente identitaria, algo que solo pudiera utilizar la revista y que le otorgara personalidad para que se reconozcan sus páginas por la letra. La exclusividad no duró demasiado, porque la fuente fue rápidamente pirateada y comenzó a circular por todos lados. Aun así, siempre se la relacionó con la revista.
De este trabajo hubo dos versiones, el primer diseño se hizo en unos pocos meses. Comenzamos en noviembre de 1994 y salió publicada en el primer número del año siguiente. Esta primera versión tuvo menos variables que la definitiva, y fue puesta a prueba durante dos años. Me interesaba descubrir los secretos que podía revelar su funcionamiento.
A partir de ese conocimiento, comencé la versión final que llevó tres años de trabajo y que no solo está mejor proporcionada y digitalizada que la primera, sino que se adaptó fácilmente a las necesidades de la revista.
Cuando por la calle veo que otros la utilizan, comienzo a buscar los detalles para descubrir si es la primera o la segunda versión, si bien las distinguen algunas proporciones, lo que más delata una de la otra es la «g» de la romana.
Este trabajo me instruyó, haciéndolo asimilé ciertos temas que me importaban pero que no tenía del todo incorporados a mi conocimiento.
Lo mejor fue que aprendí y con este conocimiento encaré el segundo trabajo que también ocupó tres años: la fuente Andralis.
¿Cuál es la idea desarrollada en tu tipografía Andralis?
Andralis surgió como un homenaje a este amigo que me enseñó a mirar los detalles. Cuando encaré el trabajo sabía que quería hacer una fuente con serifas para textos largos (libros, diarios o revistas). En su diseño tuve muy en cuenta las preferencias que tenía Juan Andralis en el momento de diseñar un libro; a él le gustaba que la tipografía «manchara» la página, que no fuera muy ligera de peso, que se notara.
Sabía que por sus características la fuente no iba a tener muchas variantes (es más difícil establecer muchas alternativas de color en una fuente con serifas que en otra de palo seco), también tenía en claro que por los fines perseguidos no tendría condensadas. Esta fuente se reduce a seis variantes: regular romana, itálica y versalita y las versiones bold de las mismas.
Por lo señalado, sabía que el diseño tendría que ser fuerte, contemporáneo, con serifas notables, lejos del refinamiento estilístico que tiene una «elzeviriana» o una «bodoniana». También me preocupaba que tuviera un alto rendimiento y continuamente confrontaba con el que tienen la Times y la Swift.
Primero la utilizamos como alternativa en la revista tipoGráfica, pero el fin perseguido fue editar el libro que le dedicamos a la memoria de Juan y que obviamente se llama «Andralis» (hecho con tipografía Andralis). Allí con Zalma Jalluf nos esmeramos para que esta edición expresara el cariño y admiración que sentíamos por el personaje.
Después de estos primeros diseños vinieron otros, algunos muy trabajosos, pero ya el camino estaba abierto.
¿Actualmente estás trabajando en alguna nueva tipografía?
No hace mucho que concluí la Chaco, una tipografía pensada para señalética y casi simultáneamente estaba trabajando con la fuente Palestina.
Palestina obedece a una geometría sensible que se apoya en la arquitectura, la decoración de objetos, grafismos y prendas que son característicos de aquella región de medio oriente.
Palestina es, en mi concepto, lo que podríamos definir como una fuente seca, de extrema austeridad, una sans serif que surgió de estar pendiente del drama que vive ese pueblo desde hace más de medio siglo.
Y ¿qué puedo hacer yo desde este lugar del mundo por resolver esa situación? Muy poco, más allá de tratar de que el nombre suene. Cada vez que alguien esté pensando en utilizarla para resolver un trabajo nombrará para sus adentros: Palestina.
El referente que tomé para llevar adelante el proyecto es el de la Trade Gothic, una tipografía de molde que utilizaba mucho en mi juventud y que considero muy buena, pero que una pésima digitalización (como en tantos otros casos), ha hecho de ella una letra prácticamente inutilizable.
Palestina va a tener cuatro colores en la versión normal y posiblemente dos o tres en la condensada. Se completará con sus versalitas e itálicas, pues creo que puede ser de utilidad para títulos de medios masivos. Ya hicimos unas pruebas de texto para un pequeño libro y estamos conformes. Creo que se comporta bien.
Junto a las letras se desarrollaron unas misceláneas y guardas que se desprenden de los mismos motivos culturales y que tipeados de determinada manera permiten armar varios motivos gráficos.
Es la primera vez que intento desarrollar letras y formas gráficas que se potencien unas a otras. Tengo bastante ansiedad (¿cuándo no?) por verla terminada.
Diseñar tipografías ¿implica mirar el diseño desde otro lado?
Decididamente, sí. Para ser tipógrafo es necesario un nivel de refinamiento cultural alto, no solamente para elaborar la forma de los signos sino para usarlos con pertinencia. Las fuentes están llenas de mensajes y de secretos, nos brindan sorpresas continuamente, por ello el diseñador que conoce de tipografía está en condiciones de encarar las comunicaciones desde otra perspectiva.
El tipógrafo sabe de proporciones y entonces mira la página con otros ojos, estudia detalles y busca soluciones, está naturalmente acostumbrado a esas tareas, gusta de ello.
Cuando un tipógrafo resuelve una página no solamente decidió el uso de una fuente, también lo hizo con el color apropiado de la letra y establece un diálogo entre esta y el interlineado. También maneja con conocimiento la caja, los márgenes, el cuerpo y especula con ellos. Le interesan los materiales (formato, papel, encuadernación, etc), y todo aquello que tenga que ver con los detalles de una edición. Decididamente el tipógrafo tiene otra manera de ver las cosas.
Se dice que Fontana empezó a dibujar alfabetos a los 9 años. ¿Qué hay de cierto en eso?
Alfabetos no, sí dibujaba letras y con ellas comencé a ganarme unos muy escasos pesos. Cada trabajo me permitía juntar información pues no tenía datos de como se hacían las cosas, por lo que todo era cuestión de prueba y error. A los 15 se produjo un salto cualitativo, pues comencé a trabajar de cadete en una agencia de publicidad en la que trabajaba Roberto Laureda quien dibujaba letras, él fue el primer letrista gráfico que conocí y que al preguntarle por su método, me hacía copiar tipografía de las páginas de las revistas.
En aquellos tiempos de trabajo manual, el objetivo máximo que podía ambicionar una persona con mi nivel de instrucción era tener oficio, y seguramente por haber comenzado desde chico yo lo había adquirido, así casi sin darme cuenta me fui ganando la vida, lo demás fue haber tenido la buena fortuna de encontrarme siempre con la gente que poco a poco me fue cultivando, el mencionado Roberto Laureda y particularmente Juan Carlos Distéfano, Juan Andralis, Zalma Jalluf; los alumnos en la FADU y todos los grandes maestros que desde sus libros y publicaciones tuvieron la generosidad de instruirme.
¿Alguna anécdota relacionada a tu trabajo de diseñador de letras?
Puede sonar medio pretencioso, pero a lo largo de la vida me choqué con distintos aconteceres que me hacen sospechar que estuve siempre predestinado a estudiar la tipografía. //
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JUAN PABLO DEL PERAL
Diseñador industrial especializado en gráfica, egresado de la Facultad de Artes y Diseño, Universidad Nacional de Cuyo. Socio fundador de kalidoscopio diseño.
jpdelperal@espacioeme.com.ar
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